miércoles, 7 de septiembre de 2011

POLÍTICAS URBANAS PARA LA SALUD Y LA COHESIÓN SOCIAL



En Europa no nos escapamos de la tendencia mundial a concentrar la población en las ciudades. La mitad de la población mundial vive en ciudades y se prevé que esta proporción aumente a un 70% hacia 2030 (World Urbanization Prospects, 2009).  No queda tanto. También es en las ciudades donde se consume más del 70% del total de la energía mundial y son las ciudades las que generan el 80% de los residuos y el 60% de la emisión de gases nocivos para el planeta y la salud de los seres vivos.

La atracción que han estado generando las ciudades en las últimas décadas, a causa de la accesibilidad a servicios y trabajo, ha generado una cultura de la concentración urbana que ya apunta a los problemas que comporta.  Si la prospectiva nos sirve para analizar tendencias, deberíamos hacerle caso. Al menos para prever un desarrollo claramente insostenible, tanto a nivel geográfico, como económico y de calidad de vida.  Las nuevas tendencias del urbanismo ya identifican desde hace años la complejidad en la planificación urbana, que afecta no sólo al diseño del mapa de la ciudad, la edificación y las vias urbanas, sino que implica también la integración de las políticas sociales, de vivienda, de movilidad y medioambientales.

Gestionar la totalidad es complicado y puede ser objeto claro de estudio por parte de las últimas tendencias en el análisis de los procesos complejos, desde las teorías de la complejidad (John Bragin, UCLA Human Complex Systems Program, por ejemplo). La complejidad institucional y política se suma a la organizativa y éstas dos deben adaptarse a las variables específicas de la población del municipio en concreto, las relaciones con los diferentes segmentos de ésta, el momento histórico y político y tantos otros aspectos a tener en cuenta en el momento de tomar las decisiones.  La variabilidad es tan grande que podemos considerar el ejercicio del poder, en las administraciones públicas, más un arte que una ciencia y, en ese punto, la idiosincrasia del líder político adquiere aún más importancia. A lo largo de los años, y a medida que la complejidad ha ido aumentando en la gestión pública, la necesidad de buenos equipos técnicos ha llegado a ser insuficiente. Aún siendo imprescindible, cada vez adquiere más importancia el “staff”, es decir, el núcleo directivo que, asimismo, requiere de continuos cambios en su perfil. Si hace veinte años, en España al menos, era necesario disponer de buenos técnicos y técnicas, conocedores del sector específico, en estos momentos eso no es suficiente, sino que han de ser además capaces de mantener a la organización en continua evolución, fomentando el interés y la implicación de los profesionales,  así como implantando un proceso de mejora continua que adapte al máximo las respuestas a las necesidades de la población.  Flexibilidad, creatividad, autonomía, visión de futuro son los elementos que hoy, tanto en las empresas como en el sector público, son necesarios, tanto en las organizaciones como en sus directivos/vas.  Difícil reconversión de la cultura organizativa, especialmente en el sector público, donde las inercias son tan fuertes y las resistencias a perder privilegios pueden más, a menudo, que el interés social de la propia institución.

Por otro lado, en el desarrollo urbano es necesaria, más que nunca, una compactación de esfuerzos entre el sector público y el privado. La reciente burbuja inmobiliaria que ha afectado a los países europeos en mayor o menor medida, con las consecuencias económicas que ya sabemos, ha puesto de manifiesto una relación poco eficaz entre los dos sectores. Las políticas de vivienda han sido infravaloradas en las últimas décadas por las administraciones públicas, dejándolas en mano del sector privado, desvistiéndolas de su función social e integradora y dejando paso,  así, a la especulación masiva que ha llevado a muchas familias a las dificultades en las que ahora se encuentran.

Viendo las políticas urbanas también como políticas sociales tal vez se hubiera evitado este desvío de intereses.  Desde el ámbito municipal, especialmente, es desde donde pueden integrarse todas las políticas, siempre buscando el equilibrio social y territorial.  La participación social en la planificación urbanística viene siendo una práctica habitual en nuestro país, aunque con mayor o menor intensidad, según la Comunidad Autónoma. La actual Ley de urbanismo de Catalunya, por ejemplo, exige este parámetro en el proceso de planificación urbanística local, así como un estudio del impacto medioambiental.  Sin embargo, el análisis del impacto social y/o en la salud de la población es aún incipiente. La Ley de Barrios de Catalunya impulso un modelo de integración de políticas urbanísticas, sociales y de promoción económica para aplicar en aquellas áreas urbanas necesitadas de regeneración y rehabilitación. La experiencia nos ha enseñado mucho, tanto en cuanto al efecto indirecto sobre la cohesión social que tiene la regeneración urbana en núcleos geográficos concretos, como las posibilidades que otorga la acción integrada entre las políticas urbanas, sociales y económicas.Aunque seguramente en el presente las prioridades en el desarrollo urbano no pongan el énfasis en el urbanismo, es conveniente reconocerlo como estrategia de transformación global en las ciudades.

En esta línea hay diferentes experiencias que, tanto desde Europa como a nivel internacional, se han ido configurando en los últimos tiempos, herederas probablemente de las iniciativa URBAN de los años 90.  Desde la Organización Mundial de la Salud, por ejemplo, existe el proyecto “Ciudades Saludables” que ha ido extendiendo su modelo en unas sesenta ciudades europeas, y que promueve tres líneas básicas: el urbanismo saludable, la promoción de estilos de vida saludables, y la evaluación del impacto en la salud humana de las otras políticas urbanas.  También desde Naciones Unidas, en el marco de la iniciativa ONU-HABITAT, se impulsan proyectos estratégicos de gran calado para mejorar las condiciones de vida de las personas que viven en las ciudades: en el ámbito de la gobernabilidad, de la inclusión social, la salubridad en el agua e infraestructuras, la vivienda, la lucha contra el cambio climático, la gestión del riesgo ante catástrofes naturales y la seguridad.

El proyecto “100 cities”,  por ejemplo, desarrolla la “Word Urban Camping: Better City, Better life” que facilita un modelo de gestión de la complejidad en el ámbito local que favorezca la creación de sinergias y compromisos entre el sector privado, el público y la propia población. Todo ello, con el objetivo de hacer más equitativos,  sostenibles y gobernables los entornos locales. 



        
Todos sabemos que, a pesar de los beneficios de los abordajes complejos y transversales en las políticas públicas, la generación de las dinámicas necesarias y su consolidación en forma de proyectos viables es complicada.  No sólo requiere de condiciones coyunturales propicias, sino también de organizaciones preparadas para la gestión de la complejidad, con liderazgos creativos y flexibles, como comentaba anteriormente, que sean capaces de sumar y multiplicar el conocimiento colectivo, el compromiso y la generación de ideas viables.  Si bien los líderes políticos de ciudades tienen o desarrollan esa visión global, es más complicado con los dirigentes técnicos y profesionales. La parcelación de los ámbitos de conocimiento, así como la desconfianza tradicional hacia otras áreas de saber, además de los posibles prejuicios hacia éstas o sus representantes, puede hacer difícil la conexión de las ideas y la construcción de proyectos comunes.

Una de mis más recientes experiencias se fundamenta en ese ejercicio de creación de un proyecto nuevo a partir de saberes diversos y parciales. El objetivo? Vincular las necesidades de las personas, desde el punto de vista social y de la salud, a los criterios de la planificación urbana en las ciudades. La concreción en una propuesta local y adaptada a nuestro entorno, que pueda servir de punto de partida a cada ayuntamiento, se ha enmarcado en las iniciativas internacionales antes mencionadas. Conciliar la particularidad de nuestro entorno con la generalidad de la condición humana es una de las tareas que más nos han ayudado a centrar nuestro proceso creativo. Si bien cada ciudad es diferente, todas las personas necesitamos lo mismo: agua y aire limpios, seguridad y movilidad, vivienda digna, espacios sociales y lúdicos, acceso a servicios y contacto con la naturaleza. Podeis leer un resumen del proceso inicial en: 



El diseño de los entornos urbanos a escala humana, partiendo del análisis de la vida cotidiana de las personas, es una línea fácil de seguir conceptualmente, aunque en las grandes ciudades actuales ya se haya perdido esa dimensión y sea necesario aprovechar los procesos de reforma y regeneración para introducir las mejoras.  En las ciudades medianas y pequeñas, con más margen de maniobra, las estrategias serán particulares, en función de sus características específicas, pero sin perder de vista los parámetros de calidad de vida que hoy día conocemos como óptimos.

Mirar hacia el futuro, conociendo el pasado, nos obliga a ser consecuentes con los aprendizajes adquiridos: escala humana, sostenibilidad económica y medioambiental, generación de oportunidades en el trabajo y el acceso a los servicios, promoción de la interacción social. Justo lo que todos y todas necesitamos como seres humanos.

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